El círculo de quintas, por fin explicado

El círculo de quintas: el mapa que todo músico acaba usando

El círculo de quintas se dibuja en pizarras, se imprime en pósteres y se tatúa en antebrazos, y casi todas las explicaciones se quedan en «muestra las armaduras». Las muestra, pero es lo menos interesante que se puede decir de él. En realidad es un mapa de lo cerca que están las tonalidades entre sí, y en cuanto sabes leerlo transportas a primera vista, sacas los acordes de cualquier tonalidad en segundos y adivinas hacia dónde va una canción antes de que llegue.

El círculo de quintas: mayores por fuera, relativas menores por dentro
El círculo de quintas: mayores por fuera, relativas menores por dentro

Por qué quintas y por qué se cierra

Empieza en do y sube una quinta justa: sol. Otra quinta: re. Sigue –la, mi, si, fa sostenido, do sostenido, sol sostenido, re sostenido, la sostenido, fa– y a los doce pasos vuelves a do.

Merece la pena detenerse aquí, porque no es evidente que deba funcionar. Una quinta pura es una relación de frecuencias de 3:2. Apila doce y te pasas de siete octavas por unos 23 cents, un desfase conocido como coma pitagórica. El círculo solo cierra porque el temperamento igual recorta dos cents a cada quinta, cosa que nadie oye, y el error se reparte hasta que los extremos se tocan.

Así que el diagrama tan pulcro del póster es consecuencia del mismo compromiso que hace que las terceras mayores de tu guitarra suenen algo inquietas. El círculo no es una ley de la naturaleza: es una aproximación muy buena que el mundo occidental acordó.

Cómo leerlo

En sentido horario desde do, cada paso añade un sostenido: sol tiene uno, re dos, la tres, mi cuatro, si cinco. En sentido antihorario, cada paso añade un bemol: fa tiene uno, si bemol dos, mi bemol tres, la bemol cuatro.

Los sostenidos aparecen siempre en el mismo orden –fa, do, sol, re, la, mi, si– y los bemoles exactamente al revés: si, mi, la, re, sol, do, fa. No es casualidad. Cada tonalidad nueva está a una quinta, y una quinta es precisamente la distancia que añade una alteración.

Dos atajos que conviene memorizar:

  • En tonalidades con sostenidos, el último sostenido está un semitono por debajo del nombre de la tonalidad. Tres sostenidos que acaban en sol sostenido significa tonalidad de la.
  • En tonalidades con bemoles, el penúltimo bemol es el nombre de la tonalidad. Bemoles que acaban en si, mi, la significa tonalidad de mi bemol.

Dentro del círculo están las relativas menores: la menor dentro de do, mi menor dentro de sol, si menor dentro de re. Una tonalidad y su relativa menor comparten armadura y todas las notas. Solo se diferencian en qué nota se siente como casa.

Los acordes de una tonalidad, de un vistazo

Aquí está lo que justifica tener el círculo en la pared. Toma cualquier tonalidad mayor y mira su posición, la de su izquierda y la de su derecha. Esas tres son los acordes mayores de la tonalidad. Las tres relativas menores que están dentro son los acordes menores.

Para do mayor: fa, do, sol son los mayores; re menor, la menor, mi menor son los menores. Eso son seis de los siete acordes de la tonalidad. El séptimo es el disminuido construido sobre la sensible –si disminuido en do– y aparece bastante menos.

En números romanos el patrón es I, ii, iii, IV, V, vi, vii°. Vale para cualquier tonalidad mayor, y por eso un solo diagrama sustituye a doce listas.

Por qué las tonalidades vecinas suenan emparentadas

Las tonalidades contiguas en el círculo comparten seis de sus siete notas. Do y sol se diferencian en exactamente una: fa frente a fa sostenido. Esa única nota es toda la razón de que pasar de do a sol suene suave y pasar de do a fa sostenido suene como un tirón.

Esa es la definición práctica de distancia tonal, y los compositores la usan sin parar. Un paso horario y la música se ilumina. Un paso antihorario y se asienta. Un salto al otro lado del círculo y tienes el sonido de un cambio de tonalidad que se anuncia solo.

La progresión que recorre el círculo

Toca do, luego fa, luego si disminuido, mi menor, la menor, re menor, sol, y de vuelta a do. Cada paso es una quinta descendente. Se llama progresión circular, y en cuanto la detectes la oirás en todas partes, de las secuencias barrocas a los estándares de jazz y los puentes del pop.

Su fragmento más común es ii–V–I: re menor, sol, do. Dos pasos por el círculo y aterrizaje en casa. Es la cadencia más frecuente de la música occidental, y no es más que un paseo corto por este mapa.

Transportar sin sufrir

Te piden tocar la canción una cuarta más alta. No recalcules acorde por acorde. Gira.

Localiza la tonalidad original, localiza la nueva y mueve cada acorde el mismo número de posiciones en la misma dirección. Una progresión que era do–lam–fa–sol en do se convierte en sol–mim–do–re en sol. La forma del movimiento es idéntica; solo cambió el punto de partida.

Así funciona también la cejilla. Ponerla en el segundo traste sube todo dos semitonos, que son dos posiciones en sentido horario. Los guitarristas que lo saben tocan en mi bemol con posiciones de re y cejilla en el primer traste sin pensarlo.

Por qué la música de guitarra vive donde vive

Mira dónde caen los acordes al aire: mi, la, re, sol, do. Son cinco posiciones contiguas del círculo, y no es casualidad: la afinación estándar de la guitarra está construida sobre todo con cuartas, que es el círculo leído al revés.

De ahí que tanto repertorio guitarrístico se asiente en esas tonalidades, y que las canciones en mi bemol o la bemol resulten incómodas bajo los dedos. Explica también qué hacen las afinaciones alternativas: Open G o DADGAD trasladan las tonalidades cómodas a otro punto del círculo, que es exactamente para lo que se recurre a ellas.

Cómo aprenderlo de verdad

No memorices el dibujo. Constrúyelo.

  • Di el orden de los sostenidos en voz alta hasta que salga solo: fa do sol re la mi si. El de los bemoles es la misma lista al revés.
  • Cada día, elige una tonalidad y nombra sus seis acordes desde el círculo sin mirar.
  • Toca el ii–V–I en tres tonalidades distintas. Tus manos aprenderán la distancia antes que tu cabeza.
  • Entrena el oído en el intervalo mismo. La quinta justa es el intervalo más reconocible después de la octava, y los ejercicios de oído empiezan por ahí.

Luego aplícalo a música real. Saca la tonalidad de una canción que conozcas, lista los acordes que predice el círculo y comprueba cuántos usa de verdad. La mayoría de las canciones pop usa cuatro. Saber cuáles cuatro, y por qué esos cuatro, es buena parte de para qué sirve la teoría musical.

Empieza por las dos tonalidades que sostienen casi todo el repertorio de guitarra: sol mayor y su relativa, mi menor.

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